ziggys

Jupiteriano en el exilio. Irónico por naturaleza. #soloparaentendidos

Fantasmas.

El peligro no es el fantasma en tanto cosa fea, sino la idea del fantasma, ese pequeño montoncito de fantasías que se acumulan por magnetismo en la imaginación del pobre que encima está más solo y aburrido que una araña.

Por otra parte (la de atrás por ejemplo), andar temiendo espectrales transparencias no es de caballeros. Hay que definir: transparente es un huevo, si no está cocido – ¿y lo amarillo? – lo amarillo es falacia.

Volverse uno mismo un fantasma es fácil. Basta ponerse una mano en el ojo izquierdo y la otra en el ojo derecho y decir “bú”. Ya está. Ahora, volver del estado fantasmagórico al estado de siempre ya es trabajo mayor. Se debe ante todo estar atento al tiempo (que es inexistente cuando se es fantasma). Lo que sigue es básicamente llevar el rastro a otras ilegibles transparencias hasta encontrar la que hace de puente.

Se llega del plano fantasma con ojos vidriosos y migrañas nocturnas. Debe evitarse, pues, la conversión en días viernes y feriados nacionales.

No es chat.

O sí, pero podría ser algo más. O será que es cierto que van a otro ritmo que uno no entiende o que apenas es capaz de seguir. Como sea, nunca fui buen bailador, me va más bien la caminata. En eso puedo andar dale que dale mirando arbolitos y pajaritos, y otros andantes (#soloparaentendidos).

Creo se sabe lo que trato de decir. Pues ojalá alguno se sume y capaz sacamos algo. De repente ir contra-corriente está bueno si se anda despacio, que no hay camino decía el poeta, se hace camino al andar.

Andar que no es otra cosa que poner un pie delante del otro y ver qué pasa si es que algo pasa. Y si no, pues hacemos que pase así entre líneas.

Eso sí, este paisaje no me lo pierdo.

Razones

Se anda por la vía desnudos de intenciones, de impulsos pequeño-burgueses, de motivos burlescos. Hay razones. A saber, una abeja, un mareo, un oso. Aún así, no quita el sueño ni despeina a los más distraídos. Regresar del viaje y encontrarse con lo viejo que igual parece sorprender. Milagros y luego silencios de tercera y cuarta y hasta quinta fila en teatro lleno.

Se dice de la magia que no se cuenta el secreto misterio que encierra. Pues hay que desmentir: todos gustan de los alfajores rellenos de buen dulce de leche. Hay otras razones. A saber, multitud de abuelitas con corazón de arroz. Hacerse hermano de la mañana para liberar el mecanismo central de la especulación ilógica. Después vendrá el sosiego de la siesta y su calorcito bajo-frazada.

Hay ese contacto pseudo-furtivo, como dragoncito verde esperanza, fueguitos y dedos perversos entreverados. Hay mejores, más íntimas y sensibles razones. Los entendidos no preguntan.